LA OBESIDAD EN EL PERRO Y EN EL GATO. ¿CÓMO SABER SI MI MASCOTA ESTÁ GORDA?

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El diagnóstico de las enfermedades relacionadas con la obesidad de perros y gatos ha aumentado en los últimos años. Los veterinarios somos cada vez más conscientes de este problema que tanto afecta a la salud y al bienestar animal.

La obesidad puede definirse como aquella condición clínica caracterizada por un acúmulo excesivo de grasa corporal que conduce a patología o deterioro funcional. Ocurre cuando la ingesta de calorías es mayor que su gasto. Se considera que un animal es obeso cuando su peso corporal es superior al 15-20% de su peso ideal.

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La obesidad afecta, aproximadamente, a un 25-50% de los perros y a un 10-20% de los gatos. Esta prevalencia justifica, claro está, todos los esfuerzos clínicos dirigidos al tratamiento y a la prevención de esta enfermedad. Se trata, actualmente, del trastorno nutricional más frecuente en nuestros animales de compañía.

El estudio de un animal obeso es complejo, dado que pueden existir numerosos factores predisponentes y posibles causas:
- La principal causa, y que suele resumir las restantes, es que el ingreso de energía obtenida a partir de la dieta supera al gasto realizado a través del ejercicio, así como al gasto fisiológico normal.
- Existen factores causales relacionados con el control de la saciedad a nivel central: traumas emocionales (sedentarismo, muchas horas solo en casa, etc.), hipopituitarismo, lesiones en el centro de saciedad del cerebro, alteraciones endocrinas (insulinomas, diabetes, tumores cerebrales, hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo…).
- Presiones sociales: competencia con otras mascotas por el alimento, dietas ad libitum, a menudo el problema es el reflejo de propietarios compulsivos que sobrealimentan a sus mascotas por diversas razones (les tratan como personas, interpretan que hambre y comer son signos de salud, les hacen partícipes de sus propios malos hábitos alimentarios, etc.).
- Predisposición genética: determinadas razas, como labrador, teckel, cocker y beagle son más propensas a sufrir sobrepeso.
- Factores de la dieta: dietas inadecuadas para la edad, la actividad y el peso del animal; mezclas de diferentes alimentos comerciales con productos caseros; alimentos en lata y otros excesivamente palatables, lo que aumenta la apetencia por su consumo exacerbado; excesivo empleo de premios, de comidas en el día, o bien, de dietas “ad libitum” sin ningún control.
- Esterilización: los animales castrados suelen ser más propensos a la obesidad, por eso, la cirugía debe ir correlacionada con una adecuación de la dieta y del ejercicio en el animal.
- Utilización de la energía: cuando la mascota no gasta la energía que adquiere mediante la comida, comienza a engordar y termina sufriendo obesidad. El ejercicio diario es fundamental para prevenirlo, debe “quemar” lo que su cuerpo no utilice para poder mantener sus necesidades fisiológicas en buen estado.

Cuando no existen datos fehacientes de pesos ideales (animales sin raza determinada o animales con raza, pero fuera del estándar oficial), valoraremos la obesidad en el animal por el depósito excesivo de tejido graso (“michelines”). Debemos poder palpar siempre las costillas al pasar nuestra mano sobre ellas, si no lo conseguimos estaremos ante un animal con sobrepeso. No debe existir acúmulo de grasa “colgante” en el abdomen. No deben existir acúmulos de grasa a ambos lados de la inserción de la cola ni en la zona superior de las caderas.

Los animales obesos tienen una menor esperanza de vida debido en parte a los problemas asociados, como la artritis, los problemas de vejiga y de tracto urinario, los problemas en el hígado, una baja producción de hormona tiroidea, desgarros de los ligamentos en las extremidades, problemas discales en la columna vertebral, diabetes mellitus, enfermedades renales crónicas, insuficiencia cardiaca y presión arterial alta, fundamentalmente en los perros y por orden aproximado de frecuencia. Por su lado, los procesos que suelen acompañar a la obesidad en el gato comienzan con los problemas en la vejiga y en el tracto urinario, continuando con las enfermedades renales crónicas, seguidas de la diabetes mellitus, el asma, los problemas en el hígado, la artritis, la presión arterial alta, las insuficiencias cardiacas, los trastornos en la vesícula biliar y la inmovilidad en la columna vertebral.

Con todo ello, podemos constatar que la restricción calórica aumenta la esperanza de vida en varias especies, mientras que la obesidad tiene una asociación negativa con la longevidad, tanto en los humanos como en nuestros perros. En los gatos no se ha confirmado el efecto de la obesidad sobre la longevidad, sin embargo, sí se asocia el proceso con diabetes mellitus, lipidosis hepática, enfermedades de la piel (alopecia, descamación, etc.), diversos trastornos gastrointestinales y enfermedad del tracto urinario inferior.

¿Cómo tratar la obesidad en perros y gatos?

El diagnóstico de la enfermedad siempre debe realizarlo el veterinario, ya que es necesario evaluar si la obesidad está originada por alguna otra patología que pueda requerir también tratamiento o únicamente es causada por unos malos hábitos en alimentación y ejercicio. El método más simple para evaluar si un determinado animal está obeso es mediante la inspección visual de su estado corporal.

Tanto para el tratamiento como para el seguimiento de la obesidad de las mascotas es crucial el control por parte del veterinario para poder gestionar adecuadamente la evolución y, con ello, el éxito de una dieta de adelgazamiento. Para que un programa de adelgazamiento tenga los frutos esperados es fundamental obtener la paciencia, el compromiso y un total convencimiento por parte de los propietarios.

Posteriormente, evaluaremos el estado general del paciente, debemos descartar o confirmar otras posibles patologías que causen o acompañen a la obesidad. Realizaremos un control de peso e intentaremos calcular su peso óptimo (según raza, tamaño, sexo, constitución, etc.). Valoraremos e informaremos al propietario del tiempo posible en que llegaremos a conseguir la reducción deseada.

¿Qué dieta debe seguir mi mascota?

Comenzaremos a implantar una dieta de adelgazamiento para disminuir la entrada de calorías, a base de dietas específicas. Es fundamental que el propietario comprenda que es imprescindible que la administración de estas dietas sea lo único que debe comer el animal y en la manera y cantidad que le prescriba el veterinario. Es importante proporcionar esta dieta en tres o más tomas diarias para reducir la ansiedad por el alimento, lo que redundará en adelgazamiento progresivo. El animal debería mantenerse alejado de las estancias de la casa donde se manejen o consuman alimentos (cocina, comedor, etc.).

Es un proceso a largo plazo que podría llegar a durar varios meses, incluso 1 año, en algunos casos. En los programas de adelgazamiento se suelen establecer objetivos semanales de pérdida de peso; el animal debería perder entre un 2% y un 3% de peso en esa semana. En los gatos, esta pérdida de peso debe estar especialmente controlada, debido a que una pérdida demasiado rápida de peso en cortos periodos de tiempo podría llegar a provocar lipidosis hepática (una excesiva acumulación de grasa en el hígado); se trata de una enfermedad ciertamente grave que puede desembocar en insuficiencia hepática si no la tratamos convenientemente a tiempo.

En el mercado existe toda una serie de dietas específicas formuladas para la pérdida de peso de nuestras mascotas, con bajo contenido calórico y con una alta capacidad saciante para poder controlar el apetito del animal. Cuando se empleen este tipo de dietas es de suma importancia evitar proporcionar al animal cualquier alimento extra como, por ejemplo, los restos de nuestras comidas o cualquier golosina comercial. Los animales que están inmersos en este proceso de pérdida de peso suelen “pedir o mendigar” por la comida a todas horas. Nuestras mascotas son especialistas en provocar un sentimiento de lástima en sus propietarios, es en estos momentos cuando más necesitamos su colaboración. Para evitar darles cualquier otro tipo de alimento, podemos recomendarles que empleen las propias bolas de pienso a modo de golosinas con las que premiar a los animales en estos casos.

El ejercicio debe instaurarse igualmente de manera gradual. Los animales obesos suelen tener ya intolerancia al ejercicio y a las altas temperaturas; por otro lado, podrían tener, igualmente, cierta dificultad respiratoria. Por todo ello, para realizar ejercicio con estas mascotas, deberían elegirse las horas más frescas del día, especialmente durante la estación veraniega, comenzando con sesiones de ejercicio moderado de unos 20-30 minutos en días alternos, por ejemplo. Podría comenzarse con ligeros paseos, tanto en perros como en gatos (siempre algo más complicado), podemos estimularles para que persigan algún juguete que les resulte atractivo, etc. Una vez que la pérdida de peso comienza a hacerse efectiva, los animales pueden tolerar sesiones diarias y de más tiempo, pudiendo añadir carreras y algún otro tipo de juego que pensemos.

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Pasos para que tu perro o gato recupere su peso ideal

Como hemos comentado, el propietario de una mascota es una variable fundamental en esta ecuación. La terapia del animal pasa por toda una serie de acciones necesariamente llevadas a cabo o conocidas por su dueño:
-Debe ser conocedor de la realidad que supone esta enfermedad y de que su prevención comienza en la etapa de cachorro, unos correctos hábitos en esta época pueden evitar una obesidad futura.
-Debe seguir fielmente las recomendaciones del veterinario.
-Deber controlar periódicamente el peso de su mascota, en casa o con ayuda de su veterinario de confianza. Se realizarán gráficas de pesos cada dos o tres semanas por si fuera necesario ajustar la cantidad o el tipo de dieta.
-Debe saber que si su perro o gato pesa un 15-20% más de su peso ideal, es un animal obeso y, por tanto, está enfermo y que puede ser el detonante de otros procesos. Si lleva a cabo dietas de adelgazamiento, podrá acabar con los problemas de salud de su mascota y prolongará su esperanza de vida. No es algo que pueda esperar, debe instaurarse el tratamiento adecuado en el momento en que se diagnostique.
-El propietario debe acudir a su clínica de referencia para que el veterinario valore el estado general del animal y las posibles patologías asociadas a la obesidad.
-Como hemos comentado, el propietario debe estar informado por el veterinario del peso ideal de su mascota; si se confirma obesidad, debe conocer el tiempo necesario en que se espera una reducción del peso en el animal.
-La dieta ideal para una mascota será aquel alimento de la mejor calidad que pueda permitir la economía del propietario (de calidad contrastada si fuera posible), adecuado para la edad y la actividad física del animal. Si se confirma obesidad, la dieta será la que prescriba el veterinario exclusivamente, si no se ajustase a ello, constituiría un fracaso del plan del adelgazamiento con toda seguridad.
-Debe ser consciente y facilitar el ejercicio rutinario de su mascota como hemos comentado con anterioridad. Gradualmente y, siempre bajo supervisión del veterinario, el ejercicio aumentará en tiempo y en profundidad.
-El propietario debe saber que, en ocasiones, se ven casos que no responden adecuadamente y que deben controlarse más estrictamente para ajustar la dieta y conseguir los resultados apetecibles por todos.
-El propietario debe conocer que, una vez alcanzado el peso óptimo en el animal, puede cambiar a una dieta adecuada a la edad, la actividad, el peso del animal, etc., siempre bajo supervisión del profesional veterinario.
-Siempre deben evitarse las recaídas: como pauta de prevención es recomendable controlar el peso de la mascota, por ejemplo, cada semana y ajustar la cantidad de alimento según los resultados. Lo ideal sería volver a acudir al veterinario con el animal y los datos de peso para realizar un control quizá cada tres o cuatro meses. No debe olvidarse de establecer una rutina de ejercicio diario en su mascota.

En conclusión, con todo lo anterior podemos resumir que la mejor forma de prevenir la obesidad en las mascotas es proporcionar una dieta adecuada y bien ajustada a sus necesidades, combinándola con un ejercicio físico regular. Es decir, algo que venimos oyendo cada vez más para nuestra propia salud, llevar a cabo un estilo de vida saludable, que promoverá una vida más feliz, sana y duradera. Si es algo bueno para nosotros, también lo será para nuestras mascotas.