LOS MEJORES CUIDADOS PARA NUESTRAS MASCOTAS ANCIANAS

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Nuestras mascotas, al igual que nosotros, vamos envejeciendo con la edad. El envejecimiento es todo el conjunto de cambios progresivos o graduales que sufre cualquier organismo vivo en el que vamos perdiendo fisiológicamente la capacidad para regular funciones habituales de nuestro cuerpo y de responder adecuadamente a las enfermedades o cambios externos. No es algo que afecte exclusivamente a su aspecto o el nuestro, sino que en esta fase de la vida nos encontramos con muchas enfermedades asociadas que, en muchas ocasiones, son las que finalmente causan nuestra muerte y la de nuestras mascotas. Aunque nada podemos hacer para evitar el paso del tiempo, sí tenemos recursos para hacerle frente e intentar que su calidad de vida sea la mejor posible.

Existen numerosos factores que influyen en el proceso: - La genética: en general, las razas caninas pequeñas suelen ser más longevas que las razas de mayor tamaño, los animales mestizos lo son más que los de raza pura. En el caso de los gatos, no suelen presentarse estas diferencias de longevidad tan acusadas entre razas. - La alimentación: los animales con malas dietas o, incluso, con desnutrición crónica, desde luego tendrán una expectativa de vida menor que los que se mantengan correctamente alimentados; los animales obesos, con mayor riesgo de padecer alteraciones cardiovasculares o afecciones musculoesqueléticas, diabetes, mayores riesgos quirúrgicos, etc., tendrán igualmente una menor esperanza de vida. - El entorno: los animales que viven en interior, al abrigo de las inclemencias meteorológicas, suelen tener una mayor longevidad que los que viven continuamente en el exterior. Los animales castrados, en principio, tienen menores posibilidades de sufrir accidentes y contagiarse de enfermedades. Probablemente también, los animales que viven en entornos rurales vivan más tiempo que los que viven en las ciudades. - Las condiciones de vida: los cuidados que proporcionemos a nuestras mascotas influirán directamente sobre su longevidad esperada. En este caso, la medicina preventiva es uno de los principales recursos que tenemos.

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¿A qué edad se considera una mascota anciana?

No es fácil determinar cuándo nuestra mascota comienza a envejecer, puede variar según todos los factores apuntados. Todo es muy relativo, pero como regla general, podemos considerar, por ejemplo, que los perros de razas grandes se consideran que entran en edad geriátrica aproximadamente a los 7 años, mientras que en las razas pequeñas podríamos hablar de los 10 años.

En estas etapas de la vida de nuestras mascotas siempre consideramos conveniente realizar chequeos médicos para intentar detectar alteraciones orgánicas asociadas al envejecimiento, a partir de los 7 años, aproximadamente, en las razas de perro pequeñas y medianas, así como en los gatos de cualquier raza; en los perros de razas grandes y gigantes los chequeos los adelantaremos a los 6 años. Muchas de las enfermedades diagnosticadas a tiempo nos permiten controlarlas y plantear con eficacia un correcto programa de salud para nuestra mascota.

¿Cómo dar una buena calidad de vida a nuestra mascota?

Es conveniente recordar que la edad avanzada no debemos asociarla necesariamente a mala salud, un animal en estas edades puede gozar de longevidad, mantenerse sano y con una gran calidad de vida. Ante todo, debe primar el respeto, la contención y el cuidado de todos nuestros seres ancianos, lo que incluye a nuestras mascotas, dichos valores deben promoverse y enseñarse de manera cotidiana en nuestras vidas.

En la consulta, el veterinario clínico hará numerosas preguntas a los propietarios de estas mascotas (anamnesis), con el objetivo de conocer lo más posible todos los aspectos que le orienten al siguiente paso, los exámenes clínicos. Dependiendo de la información recogida, estos exámenes clínicos podrán ser más o menos básicos, de cara a tomar contacto con el paciente geriátrico, su respuesta ante la manipulación en la consulta, así como la toma de sus constantes vitales (pulso, respiraciones, temperatura, aspecto de las mucosas, reflejos, tono de sus músculos, aspecto del pelaje, etc.).

En función de la anamnesis y de la exploración clínica, podrá llegarse al siguiente paso en la atención médica, posibles pruebas complementarias para conseguir más información sobre el estado clínico del paciente. Este tipo de exámenes complementarios van a permitir valorar más objetivamente determinados aspectos para evitar errores clínicos de apreciación. En muchos casos, serán de utilidad las pruebas de funcionalidad osteoarticular en problemas de movilidad en perros y gatos, revisiones del sistema cardio-respiratorio, exámenes oculares, pruebas de conducta, análisis sanguíneo, exámenes radiológicos, ecográficos, resonancias, TACs, etc. Todas ellas podrán aportar datos concluyentes para establecer cuál es el problema antes, incluso, de que pueda haber algún síntoma clínico.

Esta información nos permitirá establecer un protocolo de actuación preventiva, cuyo objeto es en todo momento controlar la evolución de posibles patologías ocultas en el animal. El éxito será evitar su aparición o, al menos, retrasarla.

Si nos encontramos con una mascota en la que ya ha aparecido alguna patología, nos debemos centrar en su sintomatología más relevante y, según nos indiquen las pruebas clínicas, instaurar una terapia siempre con la misma premisa de controlar dicho proceso patológico, tanto a corto como a largo plazo. Hoy en día, las terapias clínicas convencionales suelen complementarse, en algunas ocasiones, con otras terapias alternativas, como la fisioterapia, la homeopatía, la acupuntura, etc. El manejo nutricional en determinadas patologías crónicas tiene resultados alentadores, contribuyendo a ese control de la evolución del proceso. La terapia medicamentosa crónica en los pacientes con ciertas patologías (cardiaca, renal, hepática, endocrina, osteoarticular, de comportamiento, ocular, dermatológica, etc.), son el complemento al manejo nutricional específico. Incluso muchos pacientes oncológicos se controlan mejor cuando estos dos aspectos, la nutrición y la medicación, se complementan.

Sin ninguna duda, la visita al veterinario de un paciente geriátrico contribuirá a preservar la calidad de vida de nuestra mascota; la rápida detección de ciertas patologías o alteraciones, puede ayudar a controlar, incluso, a evitar la aparición de determinados procesos que menoscaben el bienestar animal en estos momentos.

Durante el periodo geriátrico comenzarán a manifestarse determinados cambios en nuestras mascotas, tanto físicos como metabólicos, que podremos fácilmente identificar: disminución de su actividad, aumento de peso, aparente desaparición de la sensación de sed (aumenta el riesgo de deshidratación y otros problemas subsidiarios), menor capacidad de respuesta frente a las infecciones, periodos de descanso o de sueño más prolongados o frecuentes, cambios en el pelaje y en la piel, etc.

¿Qué tipo de alimentación necesitan un perro o gato senior?

Como hemos comentado, la alimentación es un factor esencial para la calidad de vida de la mascota en este periodo. Aunque el estudio debería hacerse de manera personalizada para cada mascota, lo más recomendable y habitual es cambiar su dieta hacia una que contenga un mayor nivel de fibra digestible, que añada compuestos antioxidantes, suplementos para su piel y pelo, así como ácidos grasos omega 3, por ejemplo. Una dieta correcta ayudará a mantener una correcta salud bucal y apoyará la limpieza de los dientes.

En muchas ocasiones, los propietarios acuden al veterinario porque su mascota no aguanta el “pipí” en casa o camina mientras le gotea por el salón. Debemos intentar conocer la causa de estas pérdidas para poder instaurar la terapia específica. Aunque en muchas ocasiones, no es un problema que comprometa a corto plazo la vida del animal, sí puede originar eritemas y heridas en la piel que predispone a contaminación bacteriana, así como, evolucionar hacia infección urinaria de algún tipo. Habrá que descartar también otros procesos, como posibles infecciones primarias de sistema urinario, cálculos urinarios, aumentos de tamaño de la próstata, etc.

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Sobre todo, en las razas más pequeñas de perro, pueden aparecer con la edad determinadas afecciones oculares (opacidad de córnea, cataratas, menor producción de lágrima, etc.). Estos signos bastante visibles por los propietarios pueden provocar molestias y diferentes grados de pérdida de la visión. Si el diagnóstico es temprano, existen diferentes posibilidades para mejorar la visión de estos pacientes y retrasar la evolución del proceso, de cara a evitar la deriva hacia otros problemas más dolorosos y graves, como las úlceras corneales o las uveítis (inflamaciones de zonas internas del ojo).

Algunos procesos pueden pasar más desapercibidos para el propietario o, incluso, considerarlo normal para la edad del animal, como que el animal no camine como antes o que le huela el aliento. Estos procesos, en concreto, suelen causar un dolor crónico en el animal que menoscaba su calidad de vida. La artrosis que origina esa dificultad al caminar es una afección de las articulaciones, un proceso degenerativo que ocasiona mucho dolor, pudiendo producir que el animal empeore día a día; existen tratamientos que pueden evitar estos dolores y que pueden administrarse a largo plazo para evitar dicho dolor. El dolor de la cavidad bucal es también de igual importancia, nuestra mascota puede dejar de comer y complicarse el cuadro con adelgazamiento progresivo hasta llegar a caquexia o delgadez extrema. Las limpiezas de boca y los cuidados de higiene bucodental añadidos son de fácil aplicación y nuestras mascotas lo agradecerán enormemente.

Además de todo esto, en el paciente geriátrico pueden aparecer otros muchos procesos como las enfermedades cardiacas, las enfermedades respiratorias, las enfermedades hepáticas, las enfermedades renales, ciertas enfermedades endocrinas (diabetes, hipotiroidismo, etc.)… . De todos estos procesos, los que suelen preocupar mucho (y también ocasionar más muertes directas o indirectas), son los tumores, seguidos de la insuficiencia renal. En los gatos, la aparición de tumores es menos frecuente que en perros, pero cuando aparecen, suelen revestir mayor malignidad, por lo que tienen peor pronóstico, habitualmente.

La mayoría de estas enfermedades pueden diagnosticarse o, al menos, aproximarnos a ello con un simple análisis de sangre, de ahí que sean importantes las campañas de salud para animales geriátricos. La mayoría de ellas, suelen ser patologías crónicas y de por vida pero que, con un diagnóstico temprano, pueden controlarse rigurosamente, aumentando la calidad de vida de nuestra mascota para que pueda seguir en la familia mucho tiempo más.

Aún no existen en el mercado elixires para la eterna juventud, ni para los humanos ni para nuestras mascotas, tampoco debería ser el objetivo. Nuestro fin, en cambio, debería ser que ayudar a vivir a nuestras mascotas lo que tengan que vivir, pero siempre con los mínimos problemas posibles, es nuestra responsabilidad.